martes, 3 de septiembre de 2013

Septiembre.

Puedo decir que este verano he aprendido mucho. 

He aprendido que algunas personas que tu consideras importantes en tu vida solo forman parte de la misma por interés; que desaparecen cuando ya no eres necesario para aprobar una asignatura o superar un problema. He aprendido que el pasado nunca vuelve. He aprendido que las promesas dichas con una sonrisa son una cruel mentira de la que solo el viento es testigo. He aprendido que el cariño para alguna gente, es proporcional a las molestias que te tomes en subirles el ego.
He aprendido que,  muchas veces, lo único que te salva de la desesperación es tu propia cabeza y tu imperiosa necesidad de mantener la esperanza, dejando correr las lágrimas con el agua de la ducha para que nadie pueda verlas ni conocer su historia. 


Por suerte, también he podido aprender que el lugar de trabajo se puede convertir en un refugio. Un refugio en  el que, si tienes suerte, encuentras a gente que merece la pena. Y tanto. De esa gente, que son capaces de recorrerse kilómetros para dejarte en casa para que no vayas sola. Gente que se da cuenta de cuando te arreglas más o de cuando llevas un bolso en forma de pez. Gente que te cuenta la experiencia de la vida, y no infravalora la tuya. Gente que te ve por dentro y no solo la coraza que llevas por fuera "para que no te hagan pupa". Gente que, en definitiva, en dos meses te lo pueden dar todo, esperanza, sueños, ilusión. 

Y ahora, vuelve septiembre. Y ya nada volverá a ser lo mismo. 
Y con lo que en este momento te quedas es con una burbuja de cansancio que te convence de que todo ha sido real. 


... Y volver a empezar otra vez. 

miércoles, 3 de julio de 2013

Esa lección, esa sonrisa, no se olvidan

No eres un recuerdo. No eres una canción. No eres una imagen, ni un momento. No eres una fotografía ni un lugar. Ni siquiera puedo decir que seas un conjunto de palabras en un papel.
Eres mucho más que aquello que nos ayuda a recordarte.

Eres esa sonrisa que ilumina a cualquiera que la reciba. Eres esa ilusión por la vida, por la familia, por los amigos. Eres esa sonrisa de ánimo, esa sonrisa sincera y abierta que siempre nos acompaña allá a donde vayamos. Eres esa sonrisa a la que un día bauticé como estrella. Estrella 537. Y cada día que pasa me doy más y más cuenta de que esa es la descripción más exacta que se puede hacer de ti.

Además de tu sonrisa, hay una cosa más que aún reflejas desde ahí arriba. Tu lección. Esa que hemos aprendido todos, por las buenas y por las malas. "Ama, ama y ensancha el alma". Disfrutar de cada día como si fuese el único, arriesgar, experimentar...vivir. Vivir con una sonrisa incansable en los labios, sin dejar que nada llegue a perturbar esa felicidad.
Y amar. Porque nada hay más bonito que el amor, todo tipo de amor; ese que tu nos regalaste y que aún profesas desde lejos. Ese que hace que tu gente recorra el mundo con una sonrisa y tu recuerdo grabado a fuego en sus corazones y en sus mentes. Ese amor que hizo que gente con poco en común se uniese para sonreír, para seguir adelante. Ese amor, que siempre queda.

Tu estarás riendo desde allí arriba con toda esta locura. Y te diré, querida niña, que tu eres la razón de las sonrisas más grandes, y las lágrimas más sinceras, de muchos de nuestros días.
Tu eres la razón de todo ello, y por eso te pido que nunca dejes de sonreír, ni de recordarnos, ni de guiarnos en nuestro caminar. Yo te prometo, que tampoco lo haré.

Gracias pequeña. Siempre tu. Siempre Estrella. Siempre ADT.

sábado, 18 de mayo de 2013

No queda nadie

En muchas ocasiones, nos vemos rodeados de tanta gente en nuestro día a día que sentimos que no nos queda espacio para nosotros, que no hay un momento de paz entre tanto desorden, entre tanta gente.
Y, sin embargo, es en esos momentos en los que nos damos cuenta de lo solos que estamos. 
Es en esos momentos, en los que te das cuenta de que en realidad estas solo.

Porque no queda nadie.
Nadie que se quede contigo en tu portal hablando durante horas de madrugada. 
Nadie que se sepa el helado que tomas siempre que estás triste.
Nadie que te diga que le gusta tu pelo rizado.
Nadie que sepa definir tu olor.
Nadie que encuentre algo especial en tus ojos marrones

Ya no queda nadie que lo único que busca, su única intención, sea pasar un rato contigo y hacerte sonreír hasta en los momentos más difíciles.
No queda nadie que no busque dinero, ayuda, promoción, información, sexo, conocimiento, tiempo, servicios, satisfacción. Interés.

Constantemente nos preguntamos por qué el mundo va mal. Por qué hay gente mala y por qué nos dedicamos a hacer tropezar a los demás en el camino. Nos preguntamos por qué hay gente que te odia, habla mal de ti a tus espaldas, te retira la palabra, o intenta hacer que estés mal y te derrumbes.
Nos preguntamos por qué, y es porque se nos ha olvidado lo que es, simplemente, saber lo que es tener cerca a alguien que lo sepa todo de ti, y que no lo use en tu contra jamás.
Se nos ha olvidado qué es eso de querer sin que duela.


jueves, 18 de abril de 2013

Caminante

Verte. Y notar como cambia todo alrededor. Tal vez sólo para mí.
Pero las luces parecen más tenues. Tu andas despacio, con esa sonrisa tan tuya, el pelo al viento, y con esa mirada que lo dice todo. Y hasta me parece que vienes hacia mi.
Por un momento, es como si el mundo se hubiese parado, y solo estuvieses tu viniendo hacia mi. Tu olor se mete por mi nariz, y llega dentro, por los pulmones, por el corazón, a través de la sangre, al cuerpo entero. Hasta el estómago se queja.

Te noto acercarte con cada fibra de mi ser, cada célula de mi cuerpo te reclama. Comienza a parecer insoportable la distancia que nos separa. Y es que a veces unos pocos centímetros pueden parecer kilómetros.
Y eso que ya casi nos rozamos. 

Y sin saber por qué, sin saber como evitarlo, continuas andando. Y lo que antes parecían Kilómetros de distancia, resultaron ser años luz. Porque te veo andar despacio, sin prisa, con esa sonrisa tuya pintada en la cara, con esa mirada intensa y a la vez distante. 
Caminas hacia tu camino. Y tu olor se va contigo. Y los recuerdos, y las sensaciones. Incluso algo de mí se va contigo.
Pero yo no soy el destino de tu caminar.

martes, 9 de abril de 2013

Mil cuentos

En la vida, hay muchas situaciones que te hacen estar mal. Y en realidad, son cosas sin sentido, tal vez detalles mínimos, pero los convertimos en un mundo y hacen que nuestro día se tiña del color más negro que podamos imaginar.
En esos momentos, mi cabeza está saturada. No piensa, no razona. Y sin embargo, una vocecilla dentro de mí me dice: "si algo puede salir bien, saldrá bien".
Y puede parecer estúpido, pero ayuda.

Porque la cuestión es... ¿de dónde pensáis que salen los cuentos? 
Los cuentos son historias de la vida. Son fragmentos de la realidad de otra persona. Son pasiones, aventuras, miedos y moralejas que la gente ha ido experimentando a lo largo del tiempo y lo ha plasmado en un papel. 
Y la verdad es que a todos nos encantan esos cuentos. Esos cuentos en los que hay un príncipe azul y una 
princesa, un malo malísimo fácil de identificar y una hada madrina que nos ayuda en nuestro propósito principal: conseguir ese instante perfecto de felicidad.
Pues bien, muchos dirán que los cuentos son fantasía, que muchas veces los príncipes acaban siendo sapos y el malo de la película a veces gana o no sabemos quién es.
Es cierto. Es cierto que la vida resulta más difícil que lo que dicen los cuentos. Pero en el fondo, es un cuento largo. Todos hemos sido traicionados o decepcionados por alguien que pensábamos que nos quería bien; todos hemos tenido amigos que han resultado ser la cura a todos los males y la solución a los mayores problemas. Y todos, absolutamente todos, hemos amado hasta el punto de cometer grandes locuras.

Y resulta que todos los cuentos acaban bien.
Todo príncipe encuentra a su princesa; todo malvado encuentra su castigo. 
¿Por algo será no? El cuento de tu vida también acabará bien. Tiene que hacerlo. Es un cuento. 
Y es posible que ahora las cosas nos vayan mal. Es posible que nos tropecemos mil veces, que nos sintamos solos, que pensemos que el final es ese instante y que es un mal final. 
Pero si un final es un mal final, es que No es el final. 
Porque todo, absolutamente todo, Tiene que salir BIEN.

jueves, 14 de marzo de 2013

Olvidarte

Lo más difícil que puede intentar una persona a lo largo de su vida es intentar olvidar a aquellos que le han hecho ser quien es. Olvidar a aquellos que han estado ahí, y que ya no están.
Supongo que es un intento de fórmula mágica para evitar el dolor de esa ausencia.

Pero eso no es más que una quimera, un falso invento. Porque jamás el ser humano ha sido capaz de olvidar a alguien amado. Romeo y Julieta llegaron a la desesperación de echarse de menos a morir.
Es imposible que un corazón olvide a otro corazón que haya palpitado junto a él alguna vez.

Lo único que podemos hacer, es dejar que el dolor poco a poco, sea más soportable. Son sobre todo los pequeños gestos, las pequeñas cosas que la vida nos muestra, lo que va haciendo que ese dolor mitigue.
Muy poco a poco, en un proceso lento y que siempre dejará cicatriz, esa herida comienza a curarse. Yo creo que por eso dicen que al final solo nos quedamos con las cosas buenas. Porque todas las malas se borran con el paso del tiempo.

Y al final, nos quedamos con una ausencia que no hace ruido. Una ausencia que cada vez duele menos recordar, pero que nos sigue haciendo sonreir.
Y es esa ausencia, ese dolor dormido, con el que aprendemos a vivir. Sabemos que está ahí, pero ya no nos paraliza, sino que se convierte en calor en las noches en las que estamos solos y sentimos ese frío por dentro...


Nunca me olvidé de cada cosa que me hacía quererte. Jamás olvidé tu sonrisa, tus manos ni tu pelo; nunca olvidé tus manías, ni tus miedos.
Solamente aprendí a vivir sin tí, aunque duela, aunque todavía no entienda por qué no estás.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Yo te Amo

Según decía Ayn Rand, "para saber decir Yo te Amo, primero hay que saber decir YO" (teoría del egoísmo razonable). 

Y es que si no nos conocemos a nosotros mismos, lo que somos, quienes somos, jamás podremos obtener el equilibrio interior necesario para poder amar a alguien del mismo modo.
Es importante conocerte a ti mismo, como eres sin necesidad de cambiar; amar tus virtudes y tus defectos, tus miedos, tus palabras, tus acciones. Amarlo todo de ti, para que nadie pueda hacerte caer.

Pero eso no significa buscar ser perfecto por fuera. Porque al final, eso no sirve para nada. Puede sonar a tópico, pero no por ello es menos cierto que la verdadera belleza está en el interior. En tu forma de actuar, en tus ganas de vivir, en tus acciones, tu cariño hacia los demás, tu fuerza. Es ahí donde está lo que realmente importa de ti, lo que los demás van a amar, lo que será recordado. 

Y ya está. No hace falta mucho más para ser feliz. Porque si te conoces a ti mismo, si eres capaz de quererte por tus defectos, serás capaz de amar a los demás por los suyos. Porque nadie busca un ser perfecto como compañero de su vida; sino alguien que te enamore con sus defectos, y te sorprenda con sus virtudes.

Por tanto, no es voluntario el quererse a sí mismo. Es una obligación con nosotros mismos, para encontrar el equilibrio que nos haga seguir siendo quienes somos y no dejarnos consumir por lo que otros esperan que seamos. 
Es una obligación aprender el verdadero significado de la palabra YO, el verdadero valor que tu tienes, para poder mirar a los ojos a otra persona y poder decir, con cada fibra de tu ser, Yo te Amo.